miércoles, 20 de junio de 2007

Putealo ahora


Faltaban veinte segundos para que fueran las 23: 32 del lunes 18 de junio cuando uno de los tira cables del camión de Tenfield, averiguaba con uno de los del control cual era el próximo partido a televisar: es el miércoles en Goes, Goes y Cordón, primer final - le contestaron.
En Girona, España, a unas treinta cuadras de donde nació Serrat, el Tito, cabecea frente al monitor, ya son casi las cinco de la mañana, y se despierta cuando de la torre de su ordenador, manda las imagenes de Adinet TV. ¡Tabaré nomá! grita el Tito cuando a falta de 11 segundos Wendell Gibson el norteamericano de Tabaré por unos días, empata a 13.000 kilometros de distancia el partido con Cordón.
En Brito Del Pino casi Feliciano Rodríguez, el Enano está estacionando el auto, sin la puta radio que una vez más se la afanaron, cuando baja apurado y a las corridas. Llegas tarde, le dice con sorna el cuidacoches, que ahora tendrá que pagar el IRPF, ya terminó, ganó Cordón, marcharon - sentencia.
Faltan, tres piensa Diego Olivera, que reboteo, picó y ahora mira reloj y tablero. Faltan dos segundos y el tipo sigue pensando y lo hace con acierto, da dos pasos más, se acerca a la mitad de la cancha, fisgonea el reloj y apunta al tablero. Ya salió, suena la chicharra y la globa va como un bólido, recta y sin vuelo a la tabla. Rebota. ¡Entra!
Por unas décimas de segundos se para el mundo. ¡Te juro que se para el mundo loco! Nadie entendía nada. Encima Sonsol, boca abierta, garganta profunda , apenas articuló un "Triple, ganó Tabaré".
Mientras los del camión empiezan a entender que ese bananazo, ese oliverazo fue triple, que ganó Tabaré y que hay que ponchar, la fiesta y la pizza; el Tito despierta a los gritos - ¡Tabaré nomá, Tabaré nomá - a los ecuatorianos con los que comparte el piso, que no entienden la bizarra situación de ver llorar a ese macho de pelo en pecho en calzoncillos y agitando una vieja y gris camiseta.
En Montevideo Diego Olivera, ese chiquilín grandote y callado, responsable y preocupado, tan puteado por algunos hinchas como respaldado por sus técnicos y sus compañeros, también lloraba, pero los cientos de tipos que lo rodeaban, que lo palmeaban, que lo besaban, sabían el por que de esas lagrimas de alegría, emoción y demostración de esa fuerza interior que le permitió superar los malos momentos, los de pelotas perdidas, bandejas erradas y pocos minutos de juego.
Con la camiseta del esfuerzo y la constancia Olivera empezó a armar el disfraz de super-heroe, capaz de meter aquel triple que nadie, ni el , ni los que estabamos en la cancha, ni los que nos lo contaron, algún día podremos llegar a olvidar.
Está bueno que los otros Oliveras de este mundo, sepan , comprueben, como lo hicieron Diego y sus compañeros, que el trabajo, la tenacidad, el entrenamiento, la sistematización del trabajo, el trabajo y el espíritu, al final pagan.
Olivera me hubiera gustado abrazarte, pero me dió verguenza, por eso aqui te mando estos garabatos, fraterno abrazo emocionado, por el esfuerzo, por el espíritu, por la épica deportiva que todos perseguimos en la película de nuestras vidas.
Martín Ehz

2 comentarios:

Elmo dijo...

Buenísimooooo!
Publicalo en el Foro, en la página del Metropolitano.
Olivera es montevideano?

Diego León dijo...

No se me queden!!! :-)
Esperamos leer algo nuevo por acá.
Saludos